Desde muy pequeña, mi mayor deseo ha sido “hacer feliz a los demás”. Es una tremenda, pero a la vez hermosa tarea. Es una motivación central, una transformación diaria, una aventura con sentido. Y al hacer consciente este anhelo, puedo ayudar a los demás: desde la sonrisa al desconocido y el amable comentario al comerciante, hasta la conversación profunda y el lineamiento de planes de vida personales.
Estoy convencida que hay muchos caminos para lograr hacer de este un mundo más humano. El camino que yo elegí, pasa por las personas, y en gran medida por las personas insertas en un mundo organizacional, de trabajo.
Mi receta es básicamente muy simple: creer en los demás.
Aunque tras ello se esconde una metodología cuidadosamente preparada durante años de experiencia personal y estudio complementario.
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