Descubrir lo que te mueve y caminar hacia
allá… todo comienza con el primer paso.
¡La vida está para vivirla! Cómo vivirla,
es una decisión personal.
Vivir creciendo, también es una decisión
personal.
Y cómo crecer, es otra decisión.
En resumen, estás ante la oportunidad de
tomar nuevas decisiones, todas personales.
La pregunta es: ¿cuánto tiempo te das
para tomar estas decisiones?
Mi invitación es a que te des el espacio
para detenerte. Para estar contigo, para descubrir -o reafirmar- ese anhelo que
mueve tus decisiones.
Hay muchas formas de darte ese espacio:
sentado en una plaza, mirando el atardecer (o amanecer), una buena conversación
con amigos, una taza de té o café en la cafetería del barrio, el silencio breve
antes de dormir.
Detenerse, para observarse. Encontrarse.
Maravillarse.
Es un camino que no necesitas caminar
solo. Déjame acompañarte.
Permíteme ser tu espejo, donde te mires y
veas quién eres, y quién quieres ser. En
el que veas tus avances, tu vida, tus pasos, se reflejen tus éxitos y fracasos,
tus alegrías y tus frustraciones.
Re-conocer tu propia historia, esta
historia que te permite ser más que la historia. Ser actor y artífice de tus propias decisiones.
Permíteme acompañarte en el planear de
los pasos que darás. Celebrar tus decisiones, celebrar tu andar, celebrar tu
vida.
El camino hacia tu anhelo se inició hace
tiempo, en lo profundo de tu ser. Permíteme ayudarte a hacerlo consciente.
Ayudarte a darte esos espacios. A
proyectar el camino al que te llevarán tus decisiones.
El primer paso, es la primera decisión,
la de decir: ahora me toca a mí. ¿Cómo
volver a conquistar ese tiempo que tuvimos en la infancia para detenernos y
sorprendernos?
Con la decisión en el ahora. “Ahora
quiero caminar, ahora es mi turno. Para llegar a ser la mejor versión de mi
mismo”. Más allá de los éxitos profesionales, académicos, familiares. Ser la
mejor versión de ti mismo, siendo lo que en verdad quieres ser: “simplemente
tú”.
Cuando te reencantas contigo, cuando te
descubres y redescubres, aflora ese anhelo profundo.
Aflora esa esencia, ese ser, que es tu
gran virtud, que es tu don, lo que vienes a cultivar y a aportar en tu vida y
de quienes te rodean.
De sentir, al final del día, la paz que
trae consigo el “ser quien soy”.
La paz que te da el “estoy tranquilo con
lo que he vivido”… cada día. En el hoy.
La paz que te da el no ser perfecto. Que te da el ser auténtico.
Pues al final del día, es sólo eso lo que
se nos pide: ser.
Que maravilloso es poder volver cada
cierto tiempo a reflejarnos, aceptarnos, comprender que nuestra historia, con
altos y bajos, nos hace íntegros.
Y que cada día, podamos tomar una nueva
decisión.
Sólo necesitamos escucharnos, vernos,
encontrarnos.
¿Parece fácil? ¡Lo es! Pero vaya que a
veces cuesta… dar el primer paso, tomar la primera decisión.
Y en cada etapa de la vida, volver a
preguntarnos lo que queremos ser cuando grandes… lo que queremos ser hoy.
Ser “grandes” para recordar lo que fuimos
de niños. O antes de ser niños. Recordar lo que somos y cuál es nuestra
estrella. Estrella que es nuestro
anhelo.
Estrella que está -sí- más cerca de lo
que creemos… pues está en nosotros mismos.
Date espacio, date tiempo. Lo mereces. En
cada etapa de tu vida. Tú te lo mereces. Tú te mereces ser tú. ¡Celébrate a ti
mismo! Regálate tu espacio -tan
personal-.
Solo detente un momento, mírate, y
celébrate. Eres una persona grandiosa, por el simple hecho de ser tú mismo.
Y así, cada día puedes volver a
maravillarte. Cada pequeño paso, cada pequeña decisión: s tu gran decisión. Es
tu vida. Vívela. Compártela. Disfrútala.
Vive tu proceso… y déjame acompañarte.
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